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Y esque sí, dan ñañaras tener que caminar por estas calles todas las noches, sobre todo si se es una pequeña pelirroja con gesticulaciones de inconformidad ante la vida misma, color de piel, facciones, vestimenta e indumentaria que no presisamente denotan la camaradería que buscan los "dueños de la calle".
Me encantaría ser una entuciasta de la teoría creacionista que confiara su vida y seguridad a las fuerzas divinas, porque me desagrada llevar gas pimienta en la mano después de haber hecho entrenamiento atlético de dos horas, pero eso de la espiritualidad religiosa no es lo mío. Por fortuna mi padre y mi chico se han tomado la molestia de llevarme y pasar por mi respectivamente, pero no desaparece el mal sabor de boca cuando pienso en que quizá algún amigo o amiga pase por calles así... cuando pienso que esos zapatos deberían seguir caminando, no deberían estar ahí.